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Acabar con esta locura: No más electroshock en Chile

Con una jornada de protesta en Santiago y una concentración en Valparaíso se culminó el mes de junio contra el electroshock convocado por el colectivo Autogestión Libre-mente.


El Electroshock, actualmente conocido como Terapia Electroconvulsiva (TEC), es un procedimiento psiquiátrico que consiste en la aplicación de dos electrodos en la cabeza con el objetivo de traspasar suficiente electricidad al cerebro para producir una convulsión generalizada.  Introducido por el psiquiatra italiano Ugo Cerletti en 1938, actualmente  el electroshock representa un procedimiento controversial desde una mirada ética y científica ya que es considerado un tratamiento severamente invasivo con efectos dañinos en el cerebro. A nivel internacional, este procedimiento no está permitido en algunos países y en otros, se encuentra estrictamente normada su utilización. En la región, la resolución N° 17/14  del Órgano de Revisión Nacional reglamentado en la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657 de Argentina, recomienda la prohibición del uso del método electroconvulsivo.

Hasta la fecha, la TEC se ha mantenido como una terapia experimental, con resultados controversiales según la visión de la comunidad científica, lo que ha alentado a la ciudadanía a evaluar su aplicación desde una perspectiva crítica. El 16 de Mayo del año 2015, se realizó una “Protesta Internacional en Contra del Electroshock”, manifestación que convocó a más de 25 países y fue organizada por agrupaciones de sobrevivientes de la psiquiatría que decidieron denunciar el electroshock de manera masiva, rindiendo a la vez un homenaje al activista Leonard Roy Frank quien falleció ese año y dedicó  gran parte de su vida a luchar contra los abusos de la psiquiatría. En Santiago, los colectivos Autogestión Libre-mente y Locos por nuestros derechos se sumaron a esta iniciativa organizando la primera manifestación contra el electroshock en nuestro país.

Este año, ambas agrupaciones participaron de un mes de protesta contra el electroshock, durante junio. La movilización nace con la finalidad de dar a conocer a la ciudadanía que el electroshock es una práctica dañina y perjudicial que atenta contra el bienestar integral de las personas y sus derechos en su atención de salud mental. A su vez, se advierte que a pesar de las indicaciones del Ministerio de Salud, que señalan que la TEC es indicada sólo para casos específicos y cuando todas las alternativas de tratamiento han fallado, los testimonios de las personas muestran que el uso de electroshock es común y cotidiano en hospitales psiquiátricos y clínicas privadas, como primera opción de tratamiento o sin el consentimiento libre e informado del afectado, en pacientes adultos mayores, mujeres embarazadas y menores de edad. Las cifras oficiales respaldaban plenamente esta denuncia respecto a su masividad: sólo en el Instituto Psiquiátrico José Horwitz Barak de Santiago, entre los años 2008-2015 se realizaron 17.130 sesiones de TEC, lo que da un promedio de 2.141 sesiones cada año y 6 sesiones cada día.

Los organismos internacionales de derechos humanos también se han pronunciado respecto a este controvertido procedimiento. El Relator Especial de Naciones Unidas contra la Tortura, en su informe a la Asamblea General de 1 de febrero de 2013 (A/HRC/22/53), consideró la utilización forzosa o no consentida del electroshock como una práctica contraria a la prohibición absoluta de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes contenida en los artículos 1 y 16 de la Convención contra la Tortura, exhortando a los Estados a que impongan la prohibición absoluta (párrafo 89.b). Por otra parte, en nuestro “Manual de derechos en salud mental”, basado en los principios de la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas,  afirmamos que el uso de Electroshock o Terapia Electroconvulsiva (TEC) puede constituir tortura y malos tratos si se aplica incluso con el consentimiento libre e informado de la persona, debido al alto riesgo de su uso, los posibles efectos perjudiciales y a la evidencia científica insuficiente respecto a sus beneficios.

Tomando todos estos elementos como base de su movilización colectiva, el colectivo Autogestión Libre-mente convoca a una primera manifestación para el día 24 de junio desde las 16:00 hrs. en Ahumada con Alameda, iniciando una caminata por el centro de Santiago, al ritmo de las batucadas y el grito de “La locura no se cura con tortura”, hacia el Ministerio de Salud donde encendieron velas y colocaron globos negros en conmemoración de todas las víctimas de la violencia psiquiátrica. Del mismo modo, durante la tarde se realizó una concentración contra el electroshock  en la plaza Victoria en Valparaíso organizada por el colectivo Contrapsicología y Acción Comunitaria destacando la consigna “Nuestras mentes no son su territorio de conquista”. En una segunda convocatoria, el 29 de junio desde el mediodía los activistas de la capital se reunieron en el frontis del Instituto Psiquiátrico José Horwitz Barak en Recoleta llamando la atención de los transeúntes enunciando consignas como “son los que torturan en el hospital, que no los engañe su blanco delantal” denunciando la complicidad en los abusos por parte del gremio psiquiátrico y la utilización masiva del electroshock en ese recinto.  También expresaron su desaprobación hacia este procedimiento en las afueras de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile, lugar donde también se aplica a las personas internas.

Con estas acciones de protesta, se realizó un llamado de atención a la sociedad en su conjunto para acabar con esta locura. Los estándares científicos y los principios éticos avalan el posicionamiento de este movimiento, más aún los testimonios de los sobrevivientes que han visto trágicamente arruinadas sus vidas a causa de la electrocución de sus cerebros. En defensa de nuestra libertad personal y autonomía colectiva, desde el colectivo Locos por nuestros derechos seguiremos luchando para que el electroshock no se siga utilizando en nuestro país. Nunca más electroshock, es un paso esencial y necesario para construir una salud mental más justa y solidaria, basada en los derechos humanos.

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