Artículos

La asamblea de Gorizia: la democracia llega al manicomio

El presente texto es la traducción del capítulo X del libro “The man who closed the asylums: Franco Basaglia and the revolution in mental health care” de John Foot.


Una de las maravillas del mundo: La reunión general

“En Gorizia, como en Arezzo, las palabras de los pacientes contienen mucha más verdad que aquellas que se encuentran en el discurso psiquiátrico”.  [Agostino Pirella[1]]

“Un largo silencio” [Comentario de la transcripción de una reunión. L’istituzione negata[2]]

“Las asambleas de los pacientes ‘locos’ de Franco Basaglia eran las demostraciones más conmovedoras y poderosas de la democracia [en los años 60’] y de su poder regenerativo”. [Anna Bravo[3]]

Bajo la administración de Basaglia, la democracia llegó al manicomio en Gorizia, un lugar que nunca había experimentado algún tipo de libertad de expresión. Una institución que era la propia esencia de una anti-democracia y exclusión, donde los locos estaban encerrados y silenciados, dejaban de ser personas, sin una identidad, un pasado o un futuro, en el manicomio de Gorizia se desarrolló una escuela para la democracia, un lugar donde las personas visitarían para ver nuevas formas de democracia en acción.

Las reuniones generales, que estaban abiertas a la toda la población hospitalaria, inició a comienzos del año 1965, aunque las reuniones que involucraban pacientes había sido parte del proyecto Basagliano desde el comienzo[4]. Mario Dondero tomó una serie de fotos de una pequeña reunión en un pabellón (con Basaglia presente) en 1964. Sin embargo, desde noviembre del año 1965 en adelante, la asamblea regular abierta a todo el hospital era realizada dentro del manicomio, alrededor de las diez cada mañana[5]. Todos eran bienvenidos: enfermeras, médicos, pacientes e incluso los familiares. Los desconocidos también comenzaron a asistir: estudiantes, cineastas, activistas, estudiantes de psiquiatría. Los pacientes se hacían cargo de las reuniones y de su duración. Este era un proceso que en parte fue influenciado por las comunidades terapéuticas clásicas en Escocia y en otros lugares, donde sus reuniones habían sido observadas por miembros del equipo Goriziano. Al inicio, el proceso se demoró tiempo en comenzar. En la pieza llena de humo, con sus simples sillas y mesas de madera, las primeras reuniones estaban usualmente marcadas por alborotos, o por largos silencios incómodos. Eran ocasionalmente capturados en cinta, y más aún por fotógrafos que llegaron masivamente a Gorizia en 1968[6].

Pero en medio de la niebla de cigarrillos, la discusión y el balbuceo de las voces, y las pausas interminables y vergonzosas donde nadie hablaba, estos eventos caóticos tomaban forma y prefiguraron durante 1968. De muchas formas eran 1968. Los pacientes gritaban y se quejaban, venían y salían cuando querían y hablaban entre ellos. Algunos simplemente se quedaban sentados ahí y miraban, especialmente al comienzo. Un gran número nunca asistió. Los médicos presentes estaban vestidos de forma normal, usualmente sin batas blancas (estas finalmente fueron abolidas en 1964, aunque se dice que algunos médicos continuaron usándolas como forma de protesta en contra de las reformas Basaglianas, como una señal de su naturaleza ‘anti-Basagliana’) y compartían con sus pacientes. Los miembros del equipo hablaban muy poco durante estas reuniones generales, aunque después había regularmente sesiones de retroalimentación y aún más reuniones donde las reuniones anteriores eran analizadas. Las reuniones sobre las reuniones seguían con más reuniones. Gorizia era verbal, hablado, ruidoso y usualmente interminable. Pero lentamente, inexorablemente, los pacientes comenzaron a discutir aquellas cosas que diariamente más afectaban sus vidas. Comenzaron, en cierta medida, a tomar el control.

Franco Pierini, un periodista de la revista L’Europeo, visitó Gorizia en 1967. Llegó con un fotógrafo. Esta es su descripción de una asamblea general:

Sus discusiones son realizadas en grupos comunitarios. Pasamos dos días en Gorizia y escuchamos discursos tanto de mujeres y hombres; discutían temas que los afectaban, tales como, por qué el Pabellón D no había salido a pasear durante mucho tiempo, por qué las mujeres en el taller de costura se oponían al cambio del comedor a su espacio de trabajo, por qué no tenía sentido preocuparse cada vez que había una serpiente de collar en el parque: ‘Signora Giovanna habló con una señora que trabaja en el parque, ella dijo que había visto una serpiente de collar, pero una serpiente de collar no es venenosa’. Sería erróneo, muy erróneo, decir que estos hombres y mujeres hablan como nosotros y discuten como nosotros. Lo hacen mejor. Su forma de discutir cosas, sus dialécticas de oponerse a puntos de vista, sus habilidades para llegar a conclusiones sin ser chivo expiatorio o hacer que alguien se sienta derrotado, es superior a las nuestras [mis cursivas][7].

Las jerarquías rígidas previas eran desobedecidas, derrocadas, ignoradas y menoscabas. La asamblea era la demostración práctica de la afirmación de Basaglia de haber puesto la enfermedad mental ‘entre paréntesis’ cuando se lidiaba con pacientes. Durante estos encuentros, algunos pacientes causaban problemas y era difícil concentrarse sobre el tema en cuestión, y usualmente era frustrante. Pero Basaglia consideraba los disturbios de los pacientes como parte del proceso de cambio, como señales de (acoger) la rebelión. Afirmaba que su trabajo tenía intenciones de abrir las contradicciones en el sistema. Una comunidad se estaba formando, la que, con el tiempo, actuará de manera colectiva.

Gradualmente, las reuniones comenzaron a tomar forma. Asistían cada vez más pacientes. Los silencios eran cada vez más cortos. “Las palabras fluían libremente, rebotaban, capturaban la atención de enfermeras y médicos, pero requerían una audiencia que las ayudaran a moverse hacia adelante”[8]. Los votos eran contados y se tomaban decisiones. Documentos eran producidos. Verdaderas responsabilidades eran transferidas a los pacientes, incluyendo poderes institucionales y financieros. Las discusiones usualmente eran sobre lo que aparentaba ser los asuntos más aburridos y mundanos: comida, cigarros, dinero por realizar trabajos (por primera vez), paseos. Pero había preguntas mayores en juego. ¿Quién podía salir al mundo exterior? ¿Era seguro o útil abrir los pabellones cerrados? ¿Qué está mal con ciertos pacientes, si es que tienen algo malo? Y todo esto tocó problemas mayores, que llegaban al centro de la institución total donde se realizaban estas reuniones. ¿Qué era la locura? ¿Por qué estaban todos dentro del manicomio? ¿Quiénes lo dejaron ahí? ¿Quiénes eran?

Los pacientes estaban tomando un poco de control sobre sus vidas y sobre la vida de sus compañeros internos. Estaban convirtiéndose en personas nuevamente, incluso ciudadanos, con responsabilidades y derechos. Todo esto era cansador, pero también excitante y fascinante. A los sin poder se les estaba entregando poder, y en este proceso, la forma era tan importante como el contenido. El hecho que estas reuniones se estaban realizando era revolucionario. Se pasarían horas discutiendo la limpieza de los pabellones, o el manejo mismo de las reuniones, pero esta era la democracia en acción: democracia real, directa, casi sin mediación por otros. Las personas desaparecidas de los manicomios, aquellos que habían sido apartados de la vida real, sin derechos y sin identidades, emergieron de la oscuridad. Demostraron que podían pensar por sí mismos y organizar sus propias vidas. Lo que se dijera no era realmente importante. La cosa fascinante es que algo se estaba diciendo, en público. Los registros detallados de algunas reuniones fueron guardados y luego utilizados en las publicaciones que delinearon el experimento de Gorizia. Estos minutos forman un tipo de historia oral transcrita del movimiento, la que fue analizada durante ese tiempo y puede revisarse nuevamente con el beneficio de la retrospección. Las reuniones eran el núcleo, el latido de corazón vivo, del proyecto Basagliano.

Estas reuniones generales, especialmente en 1968, dieron al experimento de Basaglia una matiz extremadamente radical. Se había vuelto claro para Basaglia y otros desde el inicio, que los pacientes del manicomio no eran sólo parte de un grupo denominado ‘los locos’, eran también usualmente de orígenes extremadamente pobres. Sus caras estaban marcadas y formadas a partir de la privación y por sus tiempos en la institución, sus ropas eran la ropa de los pobres. El análisis social del manicomio estaba confirmado, al parecer, por la apariencia física de los participantes en las reuniones generales.

Nunca antes se les había dado la oportunidad a los locos de hablar (y después Sergio Zavoli les dio a algunos una voz con la cámara en la televisión nacional). Entonces estas reuniones aparentaron ser terapéuticas y revolucionarias al mismo tiempo. Pero este proceso también fue retrasado por el contexto: adentro de un manicomio. A mediados de los años 60’, Basaglia estaba comenzando a discutir que una comunidad terapéutica era extremadamente limitada respecto al progreso que podría realizar. Era la institución en sí el problema. La reforma podría ser peligrosa, un trampa. El cambio interno y la llegada de mejoras humanitarias podrían en realidad prolongar la vida de las instituciones totales. Un manicomio humanitario podría ayudar a la adaptación del sistema a una sociedad rápidamente cambiante, haciéndola más aceptable. Los Basaglianos tenían que tener cuidado. Podrían convertirse en “idiotas útiles” quienes, al hacer más tolerable el manicomio, prevenían su destrucción. Basaglia también destacó lo que él vio como otro peligro: que Gorizia simplemente fuera copiado por otros, volviéndose una nueva ideología de forma conservadora. Otros eran más explicitos. Las reuniones estaban proyectando una idea de democracia falsa. Antonio Slavich, en su análisis del hospital reformado en L’istituzione negata, colocó la palabra democracia entre comillas[9].

Gorizia: Voces desde la ‘Assemblea Generale’

“Basaglia fue capaz de derribar su propia situación de dependencia, liberándose de su rol institucional y crear una nueva cultura destinada, desde el comienzo, a manifestarse como una ‘contra-cultura’”. Edoardo Balduzzi[10]

“[Habían] reuniones interminables”. Zbigniew Kotowicz[11]

“Si alguien de afuera asistiera a nuestras reuniones, verían que, incluso aquí, existen personas que son capaces de pensar por sí mismas”. ‘Verzegnassi’[12]

“No asisten a las reuniones porque las cosas se demoran mucho, y dicen que nunca se toman decisiones”. Danieli, discutiendo acerca de aquellos que no asistían a las reuniones[13].

Los Gorizianos veían estas reuniones desde varios ángulos: en parte, eran vistas como terapéuticas en sí mismas (aunque esto raramente era reconocido, y algunas veces negado explícitamente). Pero las reuniones también eran comprendidas como material para ser estudiado y analizado, casi como un proyecto de investigación en curso. Los pacientes eran participantes dispuestos en un estudio político y antropológico sobre instituciones en transformación. Finalmente, las reuniones eran “acontecimientos” espontáneos que ayudaban a extender el mensaje que los locos podían gobernarse a sí mismos y tomar las riendas del poder, si se les daba la oportunidad de hacerlo.

El primer libro publicado sobre Gorizia (por los Gorizianos), ¿Qué es la Psiquiatría? (1967), le dio a sus lectores una perspectiva preciosa del mundo de la reunión general. Durante las reuniones,

Los roles son indistintos y tienden a volverse confusos al nivel de la protesta reciproca; este es el momento cuando la cultura del hospital comienza a comprender su propia existencia y se monta como un punto de encuentro donde las variadas culturas basadas en los pabellones y los subsistemas sociales del hospital se unen[14].

¿Qué es la psiquiatría?, imprimió transcripciones de dos reuniones generales de enero del año 1967, y este uso de la transcripción fue repetida nuevamente en La institución negada, que salió en 1968. Ambos eran, en parte, “libro hablados”. Las dos reuniones de Gorizia que aparecieron en ¿Qué es la psiquiatría?, estaban dominadas por el debate sobre asuntos de pago y trabajo. Los pacientes habían alcanzado un déficit y necesitaban hacer algo sobre ello, entonces se decidió que el pago debía ser reducido. ¿Pero quién paga y cómo? ¿Y qué sucedía con aquellos que no trabajaban o no podían? Por supuesto, de muchas formas, estas reuniones eran repetitivas, y lidiaban con asuntos menores e irrelevantes (el pago de unas pocas personas dentro de un hospital psiquiátrico). Pero también arribaban al foco de asuntos centrales. ¿Los pacientes se podían gobernar? ¿Podían vivir vidas normales? ¿Eran capaces de actuar colectivamente, en los intereses de su propia comunidad? ¿La comunidad se extendía a todos los pacientes, incluso aquellos que nunca salieron de sus camas?[15]

Las reuniones tenían una fuerza real; eran una forma de negar la lógica de las instituciones totales desde adentro. En la mayoría de los manicomios, en el mundo más allá de Gorizia, el director ejercía poder absoluto, y los pacientes eran excluidos de cualquier tipo de toma de decisión. Eran silenciados e indefensos, objetos de tratamiento o violencia. Sus propias identidades habían sido quitadas, junto con sus libertades, sus ropas, sus posesiones, sus anillos de matrimonio, sus cordones de zapatos y sus cabellos. En Gorizia, esto no era el caso (aparte de la pregunta central, por supuesto, de libertad individual: los pacientes no eran libres en su totalidad, para simplemente irse del hospital). En Gorizia, los pacientes usaban su propia ropa, decidían cuando irse a dormir y cuando levantarse (en muchos manicomios los pacientes estaban obligados a dormirse a las 5:30 pm y levantarse a las 6 am, a pesar de la temporada, algo que era odiado por la mayoría de los pacientes). Los internos de Gorizia también tenían el poder de expresar su opinión acerca de quienes deberían ser dados de alta y quienes no (aunque la decisión final correspondía al equipo médico y el director, al menos en un sentido técnico). En teoría, y en la práctica cada vez más, el problema del individuo se convertía en el problema de todos.

Esta era una comunidad que aparentaba actuar colectivamente, en el interés de todos, y utilizaba el lenguaje de la comunidad. Y, como hemos visto, los espacios eran abiertos, lo que después se entregó a los pacientes para que lo manejaran. Un edificio pequeño en el espacio del manicomio de Gorizia se instaló como un bar, con su propia rockola, manejada por los pacientes. Cualquier persona podía entrar y tomarse un café o cerveza. Después, esto se volvería la norma en muchos otros hospitales psiquiátricos, incluyendo, el más conocido, en Trieste durante los años 70’.

En la primera asamblea grabada en ¿Qué es la psiquiatría? (del 7 de febrero de 1967) asistieron sesenta y ocho pacientes, ocho enfermeras, cinco monitori (observadores), cuatro trabajadores sociales, cinco médicos y un psicólogo. Un paciente siempre dirigía las reuniones de una hora (y la persona que dirigía se cambiaba regularmente). También había reuniones de pabellones con un pequeño número de asistentes (diariamente en los pabellones de observación, y cada dos semanas en áreas con pacientes internados a largo plazo) como también discusiones de retroalimentación, reuniones sobre otras reuniones[16].

Pero era una cosa es realizar reuniones de esta forma, y otra cosa es administrar con desequilibrios de poder. Estas conversaciones y debates también revelaban la forma en que las jerarquías sutiles aún funcionaban en el hospital, como también insinuar sobre el rol poderoso de Basaglia, algo que el equipo estaba al tanto. Como escribieron Slavich y Letizia Comba en sus comentarios sobre una de las reuniones, “la figura carismática del director es reclamado aquí como un ‘buen hombre’ y, por lo tanto, tiende a verse en términos de una seguridad paternalista”[17].

En otra parte de ¿Qué es la psiquiatría?, el peligro fue descrito como un tipo de “culto a la personalidad”[18]. A pesar de la reforma, esta institución aún estaba dividida, con grandes diferencias sociales e intelectuales entre médicos, enfermeras y pacientes. El poder institucional real descansaba sobre los médicos y las enfermeras. De forma interesante, estos comentarios críticos acerca de las transcripciones de las reuniones generales estaban mayoritariamente ausentes en La Institución Negada, que estaba dirigido a un público más amplio y publicado por un editor más comercial que el libro ¿Qué es la psiquiatría?

En la superficie no habían jerarquías dentro de la comunidad terapéutica (o las jerarquías estaban entre los pacientes) pero en realidad, el poder real aun residía con médicos y enfermeras, y con políticos y jueces en el mundo exterior. Estas jerarquías también podían ser vistas en el lenguaje utilizado. Basaglia, por ejemplo, usualmente es referido como “Il Direttore” en las reuniones y en otras partes. Esto también era cierto para el equipo en sí. Basaglia claramente era el líder de los Gorizianos, los otros eran sus seguidores (aunque no siempre de forma voluntaria o particularmente deferencial, como es el caso de Jervis). Pero esto ciertamente no significó que no había debate. Al contrario – Gorizia era un lugar de discusión permanente. Pero la línea, la última palabra, era (generalmente) de Basaglia.

Por supuesto, estas jerarquías y estructuras de poder inevitables dentro del manicomio de Gorizia eran nada en comparación a casi todas las otras instituciones totales en Italia. Basaglia se sentaba con ropa normal durante las reuniones, y usualmente en silencio. Ocasionalmente intervenía para realizar una pregunta o comentario, y usualmente de una forma sutil. Si no sabías, hubiera sido difícil adivinar que él era el director de toda la institución, con un poder casi absoluto sobre todos dentro de ese lugar[19]. Después, Pirella rememoró sobre el rol de Basaglia durante estas reuniones:

Recuerdo a Franco durante esas primeras reuniones generales. Estaba interesado en intentar comprender cada elemento nuevo, y estaba comprometido durante las reuniones de seguimiento en intentar de entender lo que había sucedido y lo que podía suceder y como nos podíamos organizar. Era inflexible como irónico, e inspiraba un espíritu generoso, y me gustaría que se recordara de esta forma por todos los Gorizianos, a pesar de todo[20].

Bibliografía

[1] Agostino Pirella, ‘Prefazione. Chi ha paura dell’Assemblea Generale? La verifica della psichiatria’ en Gigi Attenasio y Gisella Filippi, eds, Parola di matti e anche nostra, Verona: Bertani, p.18.
[2] Franco Basaglia, ed., L’istituzione negata, Turin: Einaudi, 1968, p.39.
[3] Anna Bravo, A colpi di cuore. Storie del sessanotto, Bari: Laterza, 2008, p.101.
[4] Después Pirella escribió, “formé parte de la primera asamblea general realizada en un hospital psiquiátrico italiano, siguiendo las técnicas utilizadas por la comunidad terapéutica, en noviembre de 1965”. Pirella, ‘Prefazione’, p.13. Existen informes de varios tipos de reuniones en Il Picchio desde 1962 a 1965.
[5] Para un análisis lucido de la cuestión del poder dentro de Gorizia y una descripción detallada del desarrollo de la comunidad terapéutica ver Antonio Slavich, ‘Mito e realtà del autogoverno’, en Basaglia, L’istituzione negata (1968), pp. 179-203.
[6] Ver Sandro Parmiggiani, ed., Il volto della follia. Cent’anni di immagini del dolore, Milan: Skira, 2005; Eric Hobsbawn y Marc Weitzmann, eds, 1968. Magnum throughout the World, Malakoff Cedex: Hazan, 1988, magnumphotos.com. Ver también la foto de una reunión en Franco Pierini, “Se il matto è un uomo”, L’Europeo 34, 24 de agosto de 1967, p. 14-15. Película de una reunión general grabada por el documentalista cinematográfico Pirkko Petonen (agosto 1968) puede verse en video.repubblica.it
[7] Pierini, ‘Se il matto è un uomo’, p. 14. Esta traducción es de Hobsbawm y Weitmann, 1968. Magnum throughout the world, p.68.
[8] Giuliana Kantzà, ‘Il punto d’impasse’, La psicoanalisi. Rivista del campo Freudiano 25, Enero-Junio 1999, p.73.
[9] Slavich, “Mito e realtà”, p.180. Ver también Fabrizio Dentice, “Una Montessori per i matti”, L’Espresso, 3 de marzo de 1968.
[10] Edoardo Balduzzi, L’albero della cuccagna. 1964-1978. Gli anni della psichiatria italiana, Rovereto: Edizione Stella, Nicolodi Editore, 2006, p.38.
[11] Zbigniew Kotowicz, R.D. Laing and the Paths of Anti-psychiatry, London: Routledge, 1997, p.82.
[12] Franco Basaglia ed., Che cos’è la psichiatria?, Milán: Baldini & Castoldi, 1997, p.142.
[13] Ibid, p.144.
[14] Ibid., p.147.
[15] Al final esta deuda se pagó por el Consejo Provincial Goriziano. El debate no tuvo consecuencias prácticas.
[16] Estas reuniones pequeñas usualmente lidiaban con asuntos ligados a pacientes individuales, y eran más médicos y técnicos que las reuniones generales.
[17] Basaglia, Che cos’è la psichiatria? pp.141, 147.
[18] Giovanni Jervis y Lucio Schittar, ‘Storia e política in psichiatria. Alcune proposte di studio’ en ibid., p.195.
[19] No todos asistían a las reuniones, y algunas veces la discusión se trataba de aquellos que no asistían. La asistencia no era obligatoria para los pacientes. Para los médicos y el equipo, era otro cuento. Debían justificar su ausencia.
[20] Agostino Pirella, “E a Gorizia? Nascita de un’ alternativa alla segregazione manicomiale”, Territorio. Bollettino 10, Noviembre 1984, p.36.

Traducción: Tatiana Castillo Parada

Previous post

Los derechos de los niños y los padres respecto a los diagnósticos y drogas psiquiátricas en la infancia

Next post

2° Encuentro Nacional de Trabajadores de la Salud mental “Crear desde la comunidad”

The Author

Salud Mental y Comunidad

Salud Mental y Comunidad

No Comment

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *